El ejercicio físico regular es beneficioso para el cuerpo y la mente. Puede reducir la hipertensión, ayudar a controlar el peso y disminuir el riesgo de enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares y diabetes de tipo 2.
Ejercitarse también fortalece los huesos, músculos y aumenta el equilibrio, la flexibilidad y la forma física. En las personas mayores, las actividades que mejoran el equilibrio ayudan a prevenir caídas y traumatismos. También es bueno para nuestra salud mental, ya que reduce el riesgo de depresión y deterioro cognitivo, retrasa la aparición de la demencia y mejora el estado de ánimo general. La práctica de actividad física se recomienda como un hábito diario, desde la infancia, y debe realizarse toda la vida. Forma parte de un estilo de vida saludable. Esta se puede iniciar de forma progresiva y gradual, empezando con 5, 10 y 15 minutos diarios de ejercicio físico, hasta llegar a los 60 minutos al día. Todo programa de ejercicio debe estar adaptado a las necesidades y aptitudes de cada persona. Algunos ejemplos acordes a la edad son: 5 a 17 años Saltar la cuerda, andar en bicicleta, caminar, nadar, correr, hacer gimnasia, practicar deportes y subir escaleras. 18 a 64 años Andar en bicicleta, utilizar las escaleras, hacer las tareas de la casa, nadar, correr, bailar, hacer gimnasia y practicar deportes; así como la pausa activa en el trabajo, es decir, ejercicios de estiramiento que no cansan y son de corta duración, de 10 a 15 minutos. 65 años en adelante Andar en bicicleta, caminar, trabajar en el jardín o en la huerta, hacer las tareas de la casa, bailar, hacer gimnasia y practicar deportes. Beneficios de la actividad física regular y sostenida: • Facilitar la oxigenación de todo el cuerpo, fortaleciendo el corazón y los pulmones. • Disminuir la presión arterial a largo plazo en personas con presión alta. • Elevar los niveles del “colesterol bueno” (HDL), reducir el riesgo cardiovascular al disminuir el “colesterol malo” (LDL) y los triglicéridos. • Estimular el metabolismo general de los tejidos, por ejemplo, de los huesos para prevenir la osteoporosis y de los músculos para evitar su atrofia. • Estimular la producción de insulina en algunos pacientes diabéticos, insulino resistentes y síndrome metabólico. • Disminuir la grasa corporal y aumentar el tamaño de los músculos. • Mejorar la flexibilidad de los músculos y el movimiento de las articulaciones.